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El Cambio es Bueno, pero Hay Cosas que Nunca Deben Cambiar

  • Foto del escritor: Liliana Cerdio
    Liliana Cerdio
  • 4 jun 2021
  • 2 min de lectura

El mundo organizacional enfrenta constantemente profundos cambios: tecnológicos, en la economía global, sociales. El cambio es lo único permanente, y quien no evoluciona, muere: lo hemos escuchado hasta el cansancio.

Sin embargo, hay cuestiones fundamentales que deben permanecer estables a través del tiempo, que no deben estar sujetas a modas ni a la personalidad de distintos directores generales. Cada empresa debe tener valores fundamentales y un propósito invariable que no debería cambiar nunca, independientemente de cualquier otro ajuste necesario.

Hewlett-Packard, Disney y Boeing son ejemplos de empresas que han logrado mantener su esencia a pesar de su continua transformación. Disney ha preservado casi religiosamente una ideología central de traer felicidad a la gente, aunque ha cambiado continuamente su estrategia de producto —de caricaturas animadas a películas, al club de Mickey Mouse, a los parques, a los videojuegos. Boeing mantuvo firmemente su filosofía de integridad y aviación de punta, pero puso de cabeza su estrategia de negocio en los años 50 apostando a los jets comerciales, aunque el 80% de su negocio venía de bombarderos militares.

Por oposición, en IBM el servicio al cliente sobre todo lo demás era un valor fundamental; la dominación del mercado de las computadoras centrales era una estrategia de negocio; y usar camisas blancas obligatoriamente era una práctica operativa. IBM tropezó gravemente en los años 80 porque se apartó de sus valores básicos —que nunca debió abandonar— mientras permaneció demasiado rígido en sus estrategias y prácticas operativas —que debieron haber cambiado mucho más profundamente.

¿Cómo distinguir entre principios atemporales y prácticas efímeras?

Primero, es indispensable comprender que una ideología de fondo no resulta de la búsqueda de ventaja competitiva. Un valor verdadero es algo que llevarías a cabo aunque representara una desventaja competitiva.

Los fundadores de Hewlett-Packard no convirtieron el respeto al individuo en un valor fundamental porque les diera ventaja competitiva: pensaron que era la manera correcta de gestionar su empresa, y llegaron a rechazar contratos gubernamentales muy jugosos que les habrían obligado a adoptar prácticas de «contratar y despedir». Esa decisión les generó una enorme lealtad de sus empleados.

La pregunta crítica es: si el mundo cambiara de tal forma que fueras penalizado por tu ideología, ¿la mantendrías? Si es así, es probablemente parte de tu ideología fundamental. Encontrarás sólo un puñado de principios básicos que querrías que tu empresa sostuviera para siempre —y esas son las raíces que la anclan poderosamente. Si tienes más de cinco, seguramente estás mezclando principios fundamentales con prácticas de negocio.

Contesta esta pregunta con claridad, y sabrás lo que no debe cambiar. Ese conocimiento te dará la libertad de alterar todo lo demás. Si quieres trabajar esto a fondo con tu equipo directivo, conoce nuestro Coaching Ejecutivo.

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