• Liliana Cerdio

Un poco de amabilidad puede hacer toda la diferencia



Cuenta una historia que una persona trabajaba en una planta congeladora de pescado en Noruega.


Un día, poco antes de terminar su horario de trabajo, fue a uno de los refrigeradores para inspeccionar algo; se cerró la puerta con el seguro y se quedó atrapado dentro del refrigerador. Golpeó fuertemente la puerta y empezó a gritar, pero nadie lo escuchaba. La mayoría de los trabajadores ya se habían ido a sus casas, y era casi imposible que nadie lo escuchara debido al grosor que tenía esa puerta.


Llevaba cinco horas en el refrigerador al borde de la muerte.


De repente se abrió la puerta. El guardia de seguridad entró y lo rescató. Cuando le preguntaron al guardia por qué se le ocurrió abrir esa puerta si no era parte de su rutina de trabajo, el respondió:

-«Llevo trabajando en esta empresa 35 años; cientos de trabajadores entran a la planta cada día, pero él es el único que me saluda en la mañana y se despide de mi en las tardes.  El resto de los trabajadores me tratan como si fuera invisible.


Hoy me dijo  “hola” a la entrada, pero nunca escuché  “hasta mañana”.  Yo espero por ese «hola, buenos días»   y ese «hasta mañana» cada día.  Sabiendo que todavía no se había despedido de mi,  pensé que debía estar en algún lugar del edificio, por lo que lo busqué y lo encontré.»


En el trabajo, como en todas partes, antes que licenciados, directores, jefes, contadores, ingenieros, secretarias, o lo que sea, somos seres humanos y estamos rodeados de seres humanos. Tratarnos como tales, genera un clima de trabajo más agradable para todos y trae innumerables beneficios: trabajo en equipo, compromiso, confianza, comunicación, empatía, etc.  No se trata de ser amables por conveniencia; sin embargo, en el momento en que necesitemos de alguien, será más fácil obtenerlo si tenemos una relación positiva, basada en el respeto y la amabilidad. 


A veces creemos que son detalles sin importancia, o los evitamos porque pensamos que a los demás les da igual el que los saludemos o no. Asumimos que saben que en el fondo sí nos caen bien, o sí los queremos, o sí los respetamos. Asumimos que saben que nuestra cara de pocos amigos no es por ellos sino porque estamos preocupados por algún pendientes, o tenemos prisa.


Pero la verdad es que a los demás les importa más de lo que creemos. Nunca sabemos a quién podremos alegrarle o mejorarle el día con una sonrisa, un cumplido, un detalle, una oferta de ayuda, o


una pregunta que demuestre interés. No cuestan nada y sin embargo, valen muchísimo.


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