Lenguaje Corporal: Agresivo, Pasivo y Asertivo
- Liliana Cerdio

- 20 may 2012
- 2 min de lectura
Tenemos varios canales para comunicarnos: el diseño de nuestra conversación, el tono y velocidad de la voz y, sumamente importante, lo que nuestro cuerpo está comunicando. Hagan este ejercicio: quiten el sonido a un programa de televisión, el que gusten, y pongan atención a los gestos, la forma de mover brazos y manos, y las posturas corporales de los personajes. Se sorprenderán de todo lo que pueden descubrir al interesarse en el lenguaje corporal.
En muchos aspectos nos comportamos igual que otros miembros del reino animal, y nuestro lenguaje corporal se asemeja al suyo cuando actuamos instintivamente, como lo comprobó Darwin. Aquí están las señales de los tres estilos de comunicación no verbal: agresivo, pasivo y asertivo.
Lenguaje corporal agresivo
Una actitud agresiva típica se expresa en una postura recta, estirándose al máximo, con las manos en la cadera y los codos hacia afuera: se intenta mostrar toda la fuerza y el desafío posibles. En la cara, todos los músculos se tensan; la zona de la boca aparece rígida y a menudo produce una mueca que no llega a los ojos, que permanecen fríos. El movimiento es tenso y agitado, con signos de impaciencia como frotar los muslos o golpear ligeramente con los pies.
La persona agresiva puede invadir el espacio colocándose demasiado cerca, dar la espalda o irse antes de que la otra persona termine de hablar. El contacto visual es más intenso, con miradas duras y menos parpadeo; tratará de hacer bajar los ojos a la otra persona. El tono de voz es más alto o más rudo de lo usual, o amenazadoramente calmado, hablando más lento y enfatizando cada palabra.
Lenguaje corporal pasivo
La postura pasiva tiende a encogerse: hombros caídos, cabeza baja, brazos cruzados o manos entrelazadas cerca del cuerpo, como buscando ocupar el menor espacio posible. El contacto visual es escaso o se rompe rápidamente; es común mirar al piso o a los lados en lugar de a los ojos de la otra persona.
El movimiento es tímido y contenido: pasos cortos, gestos pequeños, a veces temblor en las manos o la voz. El tono de voz tiende a ser bajo, dudoso, con muletillas frecuentes («bueno», «no sé», «tal vez») y frases que terminan como preguntas aunque no lo sean. La persona pasiva suele sonreír incluso cuando expresa desacuerdo, y evita ocupar espacio físico o verbal, cediendo el turno con facilidad.
Lenguaje corporal asertivo
La postura asertiva es erguida pero relajada: hombros hacia atrás sin rigidez, peso distribuido de forma equilibrada. El contacto visual es firme y sostenido, sin ser retador: se mira a los ojos con naturalidad, ni evitando ni desafiando.
Los gestos son abiertos y controlados, con las manos visibles y movimientos que acompañan las palabras sin exagerarlas. El tono de voz es firme, claro y modulado —ni demasiado alto ni demasiado bajo—, y el ritmo es constante. La persona asertiva respeta el espacio del otro, escucha sin interrumpir, y cuando le toca hablar, lo hace con seguridad y sin necesidad de imponerse.
Si una persona adopta un estilo de comunicación agresivo, la otra suele responder con pasividad o con más agresividad; ninguno de los dos estilos lleva a una comunicación efectiva. Sólo la comunicación asertiva construye relaciones interpersonales de éxito.




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